{"id":38252,"date":"2021-05-06T15:52:17","date_gmt":"2021-05-06T20:52:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.talleresliebrelunar.com\/?p=38252"},"modified":"2021-05-06T15:52:17","modified_gmt":"2021-05-06T20:52:17","slug":"la-promesa-cumplida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/historia.talleresliebrelunar.com\/\/la-promesa-cumplida\/","title":{"rendered":"LA PROMESA CUMPLIDA"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row css_animation=\u00bb\u00bb row_type=\u00bbrow\u00bb use_row_as_full_screen_section=\u00bbno\u00bb type=\u00bbfull_width\u00bb angled_section=\u00bbno\u00bb text_align=\u00bbleft\u00bb background_image_as_pattern=\u00bbwithout_pattern\u00bb][vc_column][vc_empty_space][vc_column_text]<span style=\"font-weight: 400; color: #003366;\"><em>Esta cr\u00f3nica de viajes es una muestra de la pluma llena de detalles y expresividad de la escritora. No oculta su trayectoria como documentalista.<\/em> <\/span>[\/vc_column_text][vc_empty_space][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"color: #000080;\">LA PROMESA CUMPLIDA<\/span><\/strong><\/p>\n<p>[\/vc_column_text][vc_column_text]<span style=\"font-weight: 400;\">Por Patricia Casta\u00f1o<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Taller C\u00f3mo contar una vida, Memoria y ficci\u00f3n, a cargo de Mariana Serrano Zalamea<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El encierro durante esta pandemia me hizo recordar a una ins\u00f3lita mascota adquirida en una tambi\u00e9n ins\u00f3lita situaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Daniel mi hijo mayor ten\u00eda nueve a\u00f1os y su hermana Sylvia ten\u00eda siete. Por razones de trabajo, yo deb\u00eda ir a Mit\u00fa en el Vaup\u00e9s en una avioneta y pens\u00e9 en que ser\u00eda una maravilla poder llevar a mi hijo a este viaje de aventura. Cuando se lo propuse, a \u00e9l no le hizo tanta gracia como yo esperaba; en cambio Sylvia si se entusiasm\u00f3 much\u00edsimo, pero me pareci\u00f3 que estaba muy chiquita y adem\u00e1s sab\u00eda que otro ni\u00f1o de la edad de Daniel nos acompa\u00f1ar\u00eda en el viaje. Ante la frustraci\u00f3n de Sylvia, que se qued\u00f3 llorando, le promet\u00ed que le traer\u00eda un mico peque\u00f1o; pensaba en un mico de esos que mi t\u00eda Pepa siempre ten\u00eda en su casa: se mec\u00edan en las cuerdas de las cortinas y los llevaba a vespertina en el cuello de su abrigo camel.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed que me fui con Daniel por tierra hasta Villavicencio donde tomamos una avioneta que en pocos minutos volaba sobre un tapiz infinito de verdes, surcados por un r\u00edo serpenteante, bajo un n\u00edtido cielo azul (tal como lo hubiera descrito Jos\u00e9 Eustasio Rivera, si hubiera viajado a la selva en avioneta). Pero de pronto, una nube densa apareci\u00f3 de la nada frente a nosotros y nos engull\u00f3, literalmente. Cuando nos escupi\u00f3 de nuevo, sobre el denso y verde tapiz, observ\u00e9 que el piloto miraba hacia abajo, luego hacia su mapa, mientras piloteaba la avioneta en c\u00edrculos y no en l\u00ednea recta.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para nuestro estupor, pidi\u00f3 que lo ayud\u00e1ramos a buscar el r\u00edo, que era nuestra gu\u00eda y se le hab\u00eda perdido. \u00a1La avioneta no ten\u00eda m\u00e1s instrumentos que la br\u00fajula y el r\u00edo!\u00a0Yo, que me asusto por pendejadas, soy muy tranquila en situaciones de riesgo real: me lo he demostrado en aviones y barcos en crisis; en cambio el m\u00e9dico, compa\u00f1ero de viaje con su hijo, \u00a1se puso l\u00edvido y se paraliz\u00f3! Yo, muy valiente, me puse a buscar el r\u00edo como ped\u00eda el piloto; finalmente apareci\u00f3, claro, sin mi ayuda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aterrizamos en Mit\u00fa, en medio de la humedad y la selva talada. Recorrimos el pueblo y paseamos por la orilla del r\u00edo, donde una larga serpiente a mitad del camino nos aterr\u00f3: estaba muerta y era la broma de unos ni\u00f1os ind\u00edgenas a los incautos visitantes. La experiencia para los dos ni\u00f1os fue maravillosa y siempre me qued\u00f3 la tristeza de que Sylvia no la hubiera tenido tambi\u00e9n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mit\u00fa no tiene acceso por tierra, solo hab\u00eda una vieja camioneta blanca. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, los gringos vinieron y construyeron una en muy poco tiempo, para conseguir el caucho que los japoneses les hab\u00eda bloqueado en Asia. Pero pronto, despu\u00e9s de la guerra, la selva se la trag\u00f3, porque los r\u00edos, grandes y peque\u00f1os, cambian de rumbo, se crean las madreviejas y los puentes pierden los cauces que deb\u00edan pasarles por debajo. Hoy casi nadie recuerda la existencia de esa carretera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al d\u00eda siguiente fuimos en lancha a visitar un internado ind\u00edgena en otro caser\u00edo; un viaje precioso por el inmenso Vaup\u00e9s, recorrimos las extensas superficies de vegetaci\u00f3n selv\u00e1tica a lado y lado. El internado para ni\u00f1os y ni\u00f1as era muy grande, construido en madera. Esos internados son la \u00fanica manera de llevar a estudiar a los ni\u00f1os que viven aislados y dispersos por la selva. Este era manejado por el Ministerio de Educaci\u00f3n con profesores y profesoras y no por religiosos que era lo com\u00fan en este tipo de instituciones.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">All\u00ed ten\u00edan una guacamaya con los colores de la bandera que andaba por el caser\u00edo cercano al internado, pero no intentaba volar. Me explicaron que hab\u00eda sido herida y nunca podr\u00eda volver a hacerlo; por eso estaba en riesgo: si se quedaba deambulando por ah\u00ed pod\u00eda morir a manos de los perros o a\u00fan de los mismos ni\u00f1os. Hasta ahora yo no hab\u00eda visto ni un mico, ni grande ni chiquito; ten\u00eda que cumplirle la promesa a Sylvia; as\u00ed que les propuse llev\u00e1rmela y cuidarla.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Y ah\u00ed comenz\u00f3 la aventura!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La metieron en un canasto tejido en palma y cuando llegamos a Mit\u00fa, ya lo hab\u00eda destruido; sin embargo, logramos mantenerla tranquila, suelta en un quiosco, durante la noche. Cuando abordamos la avioneta al d\u00eda siguiente, la pusimos en otro\u00a0canasto y \u00e9ste en una caja de cart\u00f3n, que se ubic\u00f3 en la parte de atr\u00e1s de la avioneta. Daniel qued\u00f3 encargado de lograr, desde la segunda fila de sillas, que la guacamaya se quedara dentro de su improvisada jaula; para ello, ten\u00eda que blandir de lado a lado su cachucha. \u00a1Mi preocupaci\u00f3n era la de que no se distrajera al piloto con el aleteo y los graznidos de un pajarraco de alas casi del tama\u00f1o de la cabina de la avioneta!\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La tarea era casi imposible: \u00a1a mayor esfuerzo de Daniel con su cachucha, mayor desesperaci\u00f3n de la pobre guacamaya que picoteaba el canasto y buscaba salir a toda costa! Los dos ni\u00f1os no sab\u00edan qu\u00e9 m\u00e1s hacer. Fue ah\u00ed donde Daniel tuvo una epifan\u00eda que habr\u00eda de acompa\u00f1arlo por el resto de su vida: \u201c\u00a1Mam\u00e1!, \u00a1lo que pasa es que usted es loca, loca! \u00a1A qui\u00e9n se le ocurre traerse de la selva, en una avioneta, a un p\u00e1jaro de este tama\u00f1o!\u201d. \u201cMi amor, le promet\u00ed\u00a0a Sylvia\u2026\u201d. \u201cClaro, pero le hubiera conseguido un pajarito as\u00ed, chiquito (me se\u00f1alaba el tama\u00f1o ideal con sus dedos) \u00a1pero no, ten\u00eda buscar el m\u00e1s grande y escandaloso! \u00a1\u00a1Adem\u00e1s, no s\u00e9 qu\u00e9 vamos a hacer con \u00e9l en un apartamento en Bogot\u00e1!!\u201d,\u00a0sin duda esa era una buena pregunta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando aterrizamos en Villavo, la sacamos y yo trat\u00e9 de darle agua en unas tapitas peque\u00f1as de las que le era imposible beber; hac\u00eda lo posible para que no fuera evidente nuestra presencia con ella mientras sacaban el equipaje y llegaba la camioneta que nos traer\u00eda a Bogot\u00e1. En ese trayecto el jaleo sigui\u00f3 siendo el mismo; \u00a1Daniel no me dirig\u00eda la palabra y la tarea segu\u00eda siendo irrealizable, nada convenc\u00eda a la guacamaya de mantenerse a buen recaudo! Nos detuvimos en C\u00e1queza a comer fritanga; eso le mejor\u00f3 un poco el humor (Daniel con hambre no acepta razones) y seguimos hacia Bogot\u00e1 a cachuchazos con la testaruda guacamaya.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En alg\u00fan momento, Daniel dijo: \u201c\u00a1No aguanto m\u00e1s, que haga lo que quiera!\u201d. Yo ya ni trat\u00e9 de insistir,\u00a0pero tem\u00ed la debacle.\u00a0Sin embargo, cuando la guacamaya se sali\u00f3 del canasto semi destruido, se situ\u00f3 c\u00f3modamente sobre la caja de cart\u00f3n y qued\u00f3 frente a la ventana mirando el final del atardecer y, muy pronto, la silueta encendida de los edificios del centro de la ciudad: iba tranquila, como fascinada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos tom\u00f3 un largo y tenso viaje desde la selva, por aire y por tierra, descubrir que la guacamaya solo quer\u00eda sentirse libre, encima del canasto y no dentro: poder salir de ese encierro que ella ni merec\u00eda, ni necesitaba, y mostrarnos que, si estaba libre, pod\u00eda portarse bien durante el viaje.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En una pr\u00f3xima entrega contar\u00e9 c\u00f3mo vivi\u00f3 la linda guacamaya de Sylvia en la carrera 7 con 79; c\u00f3mo tuvo un compa\u00f1ero de color azul, con el que conversaba desde el amanecer; qui\u00e9n se encarg\u00f3 de cuidarlas y bajar al parejo guacamayo azul de los gigantescos arboles de la embajada de Espa\u00f1a a donde cada rato se iba para tener una buena vista de la ciudad y la sabana.<\/span>[\/vc_column_text][vc_empty_space][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay una sola verdad, la vida es insegura, inestable; tambi\u00e9n la escritura. 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